Antonio Medina Guevara - Página de mis trabajos literarios
Antonio Medina Guevara - Página de mis trabajos literarios 
En el colegio de zújar
Artículo en la Oruga Azul de Guadix en referencia a García Márquez ...

 

 

 

Asociación Para la Promoción de la Cultura y el Arte

 

Artículo sobre García Márquez y Pedro Antonio de Alarcón en la Oruga Azul de Guadix.

Junio de 2014

 

 


 

Esta tierra es mi vida y mi vida está clavada igual que una cruz al cementerio de este pueblo…


La siento como si fuera un corazón palpitando a borbotones su sangre cristalina desde alguna de sus fuentes; que sus acequias son sus venas y las mías, que su cielo es mi cielo y sus veredas los caminos por los que nunca me pierdo. Siento, que desde que mis pies empezaron a andar lo hacen sobre ella y su piel; siento que me escucha, que me habla, que me quiere y yo la quiero sin condiciones; que somos  complementarios a la vez que uno mismo.


La tierra… ¿Qué es la tierra?


Alguien me dijo una vez que la tierra es el espacio donde se plantan las almas… Yo entonces no lo entendía.  También  me dijo que todas las tierras parecen  iguales, pero que todas son diferentes. 


Comenzaré por decir que la mía es una tierra seca, fuerte, con acequias que son las venas por donde el agua transmite la vida a su paso y que a su vez  vienen de unos sitios donde laten muchos corazones enterrados: sus fuentes. A veces es tan gris, tan clara, que se confunde con las nubes del cielo; a veces es tan roja que parece que sangre… ¡Y fuerte!


Tiene que serlo.


Ha sufrido tanto y de tantos, que respira con dificultad; ha parido tanto y a tantos, que parece una madre derrotada. Pero no. No está derrotada. Aún le queda mucho aliento. Nunca se rinde.


¡Cómo cualquier madre!


Lo primero que entra por tus narices al nacer es el polvo de la tierra que te envía al mundo, la misma que —mejor más tarde que temprano— te acogerá como lo hace con las raíces, que cuando no la tienes en tus pulmones parece que les cueste respirar. La mía llora de alegría cuando la riegan las lluvias, brilla a los reflejos de las hojas de plata de los olivos, juega con los remolinos de las brisas, hierve en los veranos y se congela al frío de los inviernos...


A veces parece latir como un corazón viejo. Aunque no quieras la tienes que querer. Es como una mujer… ¡Es bella...! ¡Es dura...! ¡Tiene mucho carácter!

 

Seguramente quien lea esto se preguntará a qué cuento viene la relación entre Pedro Antonio de Alarcón y García Márquez: nada… Pero sí para mí.


Estas parrafadas de mi libro “Al lado de tierra santa” las escribí hace ya bastantes años en Cartagena de Indias, la ciudad donde “Gabo” volvió algunas veces a su país y que, al leer algo suyo y sin saber por qué, me trajeron algunos pensamientos del Altiplano de Granada. Luego alguien dijo que no, que era del estilo de Delibes o Azorín, pero yo creo que fue él quien me hizo describir a mi tierra en mi cerebro y en aquél momento… Salvando las diferencias, claro.


Y a “Gabo” se las dedico.


Recuerdo que había vuelto hacía poco de mi pueblo de Granada (Zújar ), que era pleno invierno y que creo que sería por entre el  2000 - 2005. También que por aquel entonces estaba en el siempre verano de Cartagena de Indias, que acababa en mi visita y que volvía por enésima vez a España con mis pensamientos tristes (como siempre que así sucedía), cuando después de haber visitado la casa donde  “Gabo”, ese hombre al que muchos de sus paisanos esperaban horas para vez verlo por allí en esos días lo llamaban desde la calle para que apareciera.


Yo acababa de visitar Santa Marta y ya estaba desde hacía años enamorado del departamento del Magdalena y de su río y canal del mismo nombre, pensando entonces,  junto a unos amigos, poder patear más adelante esos lugares del Magdalena y de su Sierra Nevada que lleva el mismo nombre que la mía, como también lo que era hace cientos de años la Nueva Granada y que tanta referencia nos une, cuando me llegó la hora de volver.


Eran tiempos de guerra en Colombia y aquella idea tendría que esperar.


Reconozco que a mi ese nombre (Gabo) no me decía nada, que supe de quien se trataba cuando alguien dijo el nombre de pila del que yo sabía que había escrito un par de obras magníficas: “Cien años de soledad” y “El amor en tiempos de cólera”, entre mucho más, y también supe que era periodista y que había trabajado en “El Espectador”, un periódico de hojas tan enormes que costaba leerlo si no era sobre una mesa.


Luego llegué a Bogotá para transbordar al avión que nos llevaría hasta Madrid y pensé en comprar revistas y entretenimiento para el viaje, cuando una persona me dijo: <<Compra ese libro de “Gabo”, que es nuevo…>>  <<¿Te gusta Gabo…?


No sé si era por el título, o sí por otras cosas, que compré mis revistas y el librito de marras: “Historias de mis putas tristes”, que era tan corto como mis días pasados en Cartagena y que lo traía conmigo a España.


Ya en el avión, ojee el librito y pensé que, como era tan corto y aparentemente malo, lo acabaría pronto, y así fue. Pero aunque el libro me pareció malo y un poco zafio en principio, como escrito por lo que era: un viejo que añoraba sus días de juventud, bastante machista, que defendía al dictador Fidel del que también sabía en primera persona por mis viajes a la Perla del Caribe. En definitiva: que era un viejo chocho y trasnochado.


Al leerlo pensé también que Gabriel García Márquez escribía muy bien, pero que contaba poco… Hoy opino lo mismo del libro, pero no del autor, porque la expresión y el vocabulario eran y es exquisito; pienso que tal vez me recuerda los años de mi niñez en que llamábamos a las cosas con ese leguaje que todavía se oye en Colombia.


Releí después el libro hoja por hoja, parrafada por parrafada, y al poco pensé en cómo me gustaría a mí escribir así, pero con una buena historia de por medio.

Luego leí a otro gran desconocido por mí y por más señas paisano: Pedro Antonio de Alarcón, y supongo que ambos me incitaron después a escribir mis modestas historias.


Leí de ellos que escribieron en su día cuentos o historias cortas, y yo empecé a hacer lo mismo, luego novelas, y también lo hice, pero cuando leía poesía de Pedro Antonio de Alarcón comprendí que eso no podría hacerlo, y seguí con mis cuentos y novelas. Por el año 2011 publiqué en Colombia un cuento dedicado a Cartagena de Indias (“Una mujer llamada Muerte”), que es una “adaptación” de otro cuento de Alarcón, al cual se lo dediqué y que pienso es una fantasía de la “muerte”, del paisaje y del embrujo de esa ciudad.


Las narraciones de García Márquez, con ese lenguaje criollo tan auténtico del  español que ya no se habla aquí, y del que  no entendemos algunas palabras y expresiones, son un lujo para la literatura universal, pero sobre todo para recuperarlo, ya que los modismos y el simplismo están quitando de nuestras lecturas palabras preciosas y ajustadas al castellano que sirven para expresar todo en su justa proporción. Un lujo en la escritura y por supuesto en la narración y lectura.


Tengo que decir que he visto un par de veces a este narrador universal en mi vida: una en Cartagena de Indias y otra de refilón en la Habana y que, aunque no comparto su mentalidad  política, es y será una referencia para quien quiera aprender a narrar historias.


De “Gabo” intento empezar mis libros con un arranque que atraiga (aunque no creo conseguirlo) y de Alarcón intento seguir las tramas… De los dos aprender.


Cuando mi novela “Al lado de tierra santa” quedó finalista en el premio Azorin de 2012, una persona me dijo en referencia al manuscrito que le pareció el comienzo de Márquez, el estilo de Delibes y la historia de Muñoz Molina; no cabe duda que me dijo el mejor piropo que podrán decirme nunca y que (aunque sea mentira) yo le agradeceré toda mi vida, pero lo que no sabía es que fue García Márquez sin pretenderlo quien me animó a escribir, aunque no cabe duda que la comparación me gustó por lo que significan esos personajes para la literatura.


Ahora, casi cada día, leo algún fragmente de alguno de ellos para aprender, pero no cabe duda que me será un imposible poner las palabras en sus justos términos como lo hacían ellos, sin que sobre o falte un matiz, una imagen reflejada en las palabras o en su riqueza de expresiones, y que desde hace muchos años admiro en el “vocabulario” colombiano lo que tantas veces he podido escuchar con mis propias orejas en mis constantes visitas a ese país, que tanto nos admira a la vez.


Decir que me une a Márquez la admiración y cariño que siento por Cartagena de Indias, “mi otro pueblo”, una ciudad de la que pienso es la más bonita de las coloniales americanas y que mantiene ese halo de libro de aventuras donde, piratas, corsarios, hombres con la pata de palo y parches en un ojo, junto a lugares de fantasía y mujeres preciosas se reúnen para hacernos soñar con otros tiempos.

Murió “Gabo” y nació una figura universal de la narrativa difícil de superar.

 

 

 

(Esta nota pretendo escribirla en forma de artículo periodístico del que no sé nada, pero que lo intento, por ser una forma en la que Gabriel García Márquez se defendía como lo que era: un genio)

 

 

 

 

Sobre mí como autor.

 

Nací en Zújar (1952, Granada, España) y estoy afincado en Badalona. Autor de novela y cuento con títulos publicados en España, Colombia, México y USA.

 

Soy co-fundador de AEAGRA

(Asociación de Escritores del Altiplano de Granada y Pozo Alcón (Jaén) y colaborador del Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía.

 

Finalista en el premio Azorín de novela 2012 de la editorial Planeta y la Diputación de Alicante con la novela “Al lado de tierra santa”  Número uno en ventas en todo el mundo de la editorial Umbriel (Urano) en formato electrónico.

 

Finalista en el premio Hispania de novela histórica 2013 con la novela “Te esperaré en la Alcazaba”

 

Diploma de la fundación literaria Argentina Internacional por el trabajo “El último viaje de mi amigo”

 

VII  Premio de Cartas de amor de la biblioteca de Cúllar (Granada) 

 

Desde hace años que escribo historias y novelas para mis hijos de los que algunos se han publicado y otros quedan por ahí...

 

 

Un poco más sobre mí:

 

Entré al colegio público a los 7 años.

 

Mi niñez, a pesar de los míseros tiempos que corrían, fue perfecta. Mis primeros andares por la vida no pudieron ser mejores pues, aunque nada teníamos, apenas nada necesitábamos. Además allí teníamos campo, naturaleza y, sobre todo, libertad.

 

A los 11 años, después de acabar los estudios primarios y lo que entonces llamábamos "el ingreso" en un curso doble, gracias a don Juan Olivér Pérez, mi gran referencia de maestro que fue el que me preparó para examinarme (gratis) junto a varios cientos de casos similares de la comarca de Baza. Dos conseguimos plaza de internados en un colegio de Granada y,  mediante sendas becas con que el régimen de entonces premiaba así a unos pocos privilegiados, me fui a estudiar a la capital.

 

Y empecé bachillerato en Granada.

 

Más tarde, a final del año 66 y por motivos familiares, nos fuimos a vivir a Barcelona toda la familia. Sin embargo nunca me despegué de mi tierra y, ahora, que tengo más tiempo libre, vivo casi con un pie en cada sitio. En Barcelona compaginé trabajo y estudios, dirigí de joven alguna empresa, después fundé una sociedad mayorista en el gremio eléctrico y posteriormente fui constructor de edificios, que acabó esta funesta crisis que padecemos actualmente.

 

Me considero admirador de los escritores de las generaciones del 27 y del 98, lo que parece ser que se refleja un poco en mis textos.

 

Empecé a escribir tardíamente, pues nunca antes dispuse de tiempo, pero de manera casi casual y en un momento delicado, escribí una novela para mi hija María del Mar en un cumpleaños suyo y desde entonces repito cada año.

 

Actualmente espero el momento de poder jubilarme para dedicarme por completo a mis cosas: la escritura y el campo.

 

(Aunque creo que al ver como pagan a los que hemos trabajado toda una vida, me parece que empezaré a adelgazar cuando eso llegue)

 

 

 

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