Antonio Medina Guevara - Página de mis trabajos literarios
Antonio Medina Guevara - Página de mis trabajos literarios 

http://www.lak-berna.unlugar.com/

 

Revista Argentina de Literatura.  (Julio de 2.012)



 

 

 

 

 

Cartas que nunca escribí.

 

 

A mi amigo: el chico de la calle.


(De una novela que no vio la luz...

y al que conocí hace muchos años)

 

 

 

Semana Santa de 2,012

 


Amigo:

Hoy, es uno de esos días en que me arden las entrañas al ver como este mundo no acaba de girar nunca en el sentido equivocado; que nos amarga a algunos, ver como las mesas de tantos hogares se llenan de comida y reúnen a su alrededor a tantos que solo pensamos en engullir lo que a vosotros os falta... Que el medio mundo “desarrollado” se va de vacaciones a celebrar que, un día, a un hombre justo que también pasó por niño, lo clavaron en una cruz de madera y le traspasaron el costado hasta matarlo…

¡Que celebración más rara….!

¡Que sí comer carne es pecado…! Nos decían hace muchos años cuando no teníamos nada que llevarnos a la boca aunque fuera pescado… ¡Que si es tiempo de penitencia para borrar todos nuestros pecados…! ¿Acaso pecan los niños desamparados de este mundo, que cada día crucifica a miles de ellos…?

Por eso y muchas otras cosas… Hoy me acuerdo de ti.
Otros días también, pero es que hay algunos en que la conciencia no nos deja disfrutar. Por eso y porque no puedo, ni quiero, olvidarte, hoy te escribo esta carta.

Me gustaría saber como estás. Si tu vida cambió de las aceras a un hogar; si tus escasas ropas, estarán limpias y planchadas; si ahora, que deberías de ser un muchacho, tendrás lo que tienen los de aquí a tu edad: Una novia a la que contarle tus intimidades y anhelos; una familia con la que sentarte a comer, en definitiva…, lo que creo que andabas buscando desde antes de aprender a andar, sin tan siquiera tú saberlo.

Esta carta debería de empezar como todas las cartas: ¿Cómo estás…? Nosotros bien... Bueno, bien pero mal…, pero bien. Todo está mal; en el mundo no aprendemos de las lecciones de la vida, pero como sabes, somos unos privilegiados por el simple hecho de haber nacido en eso que llaman “mundo desarrollado”.

En fin…

Espero que tus huesos descansen después del trabajo en una buena cama o, al menos, que sea en una cama. Que tu estómago este caliente y no por el interminable verano que vives desde que llegaste a la vida. Y suerte que en tu vida siempre ha sido verano. En eso eras afortunado. ¿Te imaginas a otros como tú, viviendo en un invierno interminable?

Por eso te digo, que eres, o eras, afortunado. Mejor que no sepas, que he visto a niños pisando regalos, mientras otros cantaban alrededor de una lumbre, y no precisamente contentos, sino para acompañar al ritmo del temblequeo de sus dientes. Tú, al menos, no sabes lo que es eso. Sabes lo que es una calle en la que siempre sobrabas; sabes lo que es estar siempre corriendo y apartándote de las tiendas porque apartabas a los clientes… Pero al menos no sabes lo que es el frío.

Mejor. Mejor que siempre te acompañe el buen tiempo; mejor que tus oídos escuchen músicas callejeras y los gritos de la gente divirtiéndose. ¡Mucho mejor...!

La última vez que te vi, me dejaste muy preocupado. Aquella fea herida en tu costado, se asemejaba a la de un Cristo en la cruz…, y ahora, que es tiempo de cruces y nazarenos; de madres arrastrándose tras miles de cruces con manos clavadas a la madera, espero que, ya que la tuya nunca fue tras de ti, al menos, encontraras otra mujer que, sin ser tu madre, sea la de tus hijos. Estamos en un tiempo en que ya olvidamos el nacimiento de un hombre redentor; ahora celebramos que un día lo matamos. Por eso siento ahora y sentí en aquel momento, que yo también te había clavado una lanza al costado y empujado al cielo con esa misma cruz... Parecía que estabas predestinado a ser un nuevo redentor.

Decirte, que nunca olvidaré, cuando por última vez te vi desaparecer bajo las sombras de aquellos grandes árboles tropicales a la luz de las farolas y una enorme luna que parecía de plata…, quedó para siempre en mi memoria.

Y nunca más nos vimos...

Sabes que te apreciaba y apreciaba tu aprecio que tal vez, estaba condicionado a mi “propina” que aliviaba tus necesidades de unos pocos días, pero el caso es que nos apreciábamos. ¿Acaso no puede apreciar un banquero a un rico…?. ¿Acaso no aprecia un niño a quien le entrega un regalo…? Pues te diré, que el tuyo era el mejor de los aprecios que alguien te pueda regalar.

Me he preguntado muchas veces, si pudiste salir de aquella inmensa avenida y llegar a una pequeña calle. Una de esas calles tan pequeñas, donde todos son familia y amigos…. Quisiera equivocarme, pero creo que no.

Pregunté por ti muchas veces hasta olvidar preguntar. Nadie me dio razón tuya.

Por eso hoy te escribo esta carta. Es tiempo de muertes en las cruces y, a algunos, aparte de unas vacaciones, las conciencias también nos regalan malas pasadas… No quiero pensaren ti como en un nazareno, sino como en un niño que encontraría un mundo mejor al llegar a adulto...

Sé el nombre de “tu calle” pero me perdonarás porque ya olvidé tu nombre.

Así es, que espero que esta te llegue. Bueno, mejor que no te llegue; porque en caso de llegarte, sería a una avenida donde apalean a los niños que no quieren buscar a sus padres, ni los padres saber de sus hijos… Donde a los niños los espantan como a moscas sobre la comida y nadie piensa en darles de comer. Donde se olvidan de que ellos fueron también un día niños.

Nunca entenderé, como nacer en un lugar y en una cama diferente, nos hace desde el primer día tan diferentes. Como empezar a respirar en un lugar, una ciudad o un continente diferente, hace que nos vean también diferentes, cuando solo es una cuestión de suerte.

En fin..., que espero no te llegue esta carta...

Pero por si acaso te llega, también quiero que sepas ( aunque entonces ya lo sabías) que tendrás la edad de mi hijo; que daría lo que no tengo por saber, que tú, tienes una buena vida…

Por eso me retuerce el estómago cuando llegan estas fechas…

 

¡No soporto más crucificados…!

 

Espero que estés bien... Y que seas feliz... ¡Amigo!.


Revista de Fiestas 2.012 de Zújar

 

Sobre mí como autor.

 

Nací en Zújar (1952, Granada, España) y estoy afincado en Badalona. Autor de novela y cuento con títulos publicados en España, Colombia, México y USA.

 

Soy co-fundador de AEAGRA

(Asociación de Escritores del Altiplano de Granada y Pozo Alcón (Jaén) y colaborador del Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía.

 

Finalista en el premio Azorín de novela 2012 de la editorial Planeta y la Diputación de Alicante con la novela “Al lado de tierra santa”  Número uno en ventas en todo el mundo de la editorial Umbriel (Urano) en formato electrónico.

 

Finalista en el premio Hispania de novela histórica 2013 con la novela “Te esperaré en la Alcazaba”

 

Diploma de la fundación literaria Argentina Internacional por el trabajo “El último viaje de mi amigo”

 

VII  Premio de Cartas de amor de la biblioteca de Cúllar (Granada) 

 

Desde hace años que escribo historias y novelas para mis hijos de los que algunos se han publicado y otros quedan por ahí...

 

 

Un poco más sobre mí:

 

Entré al colegio público a los 7 años.

 

Mi niñez, a pesar de los míseros tiempos que corrían, fue perfecta. Mis primeros andares por la vida no pudieron ser mejores pues, aunque nada teníamos, apenas nada necesitábamos. Además allí teníamos campo, naturaleza y, sobre todo, libertad.

 

A los 11 años, después de acabar los estudios primarios y lo que entonces llamábamos "el ingreso" en un curso doble, gracias a don Juan Olivér Pérez, mi gran referencia de maestro que fue el que me preparó para examinarme (gratis) junto a varios cientos de casos similares de la comarca de Baza. Dos conseguimos plaza de internados en un colegio de Granada y,  mediante sendas becas con que el régimen de entonces premiaba así a unos pocos privilegiados, me fui a estudiar a la capital.

 

Y empecé bachillerato en Granada.

 

Más tarde, a final del año 66 y por motivos familiares, nos fuimos a vivir a Barcelona toda la familia. Sin embargo nunca me despegué de mi tierra y, ahora, que tengo más tiempo libre, vivo casi con un pie en cada sitio. En Barcelona compaginé trabajo y estudios, dirigí de joven alguna empresa, después fundé una sociedad mayorista en el gremio eléctrico y posteriormente fui constructor de edificios, que acabó esta funesta crisis que padecemos actualmente.

 

Me considero admirador de los escritores de las generaciones del 27 y del 98, lo que parece ser que se refleja un poco en mis textos.

 

Empecé a escribir tardíamente, pues nunca antes dispuse de tiempo, pero de manera casi casual y en un momento delicado, escribí una novela para mi hija María del Mar en un cumpleaños suyo y desde entonces repito cada año.

 

Actualmente espero el momento de poder jubilarme para dedicarme por completo a mis cosas: la escritura y el campo.

 

(Aunque creo que al ver como pagan a los que hemos trabajado toda una vida, me parece que empezaré a adelgazar cuando eso llegue)

 

 

 

Actividades de AEAGRA
Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
© Antonio Medina Guevara